El edificio posee dos entradas: la principal, de marcado carácter canario, con una balconada típica de madera que convierte la fachada en un museo al aire libre. Por otro lado, en la parte trasera de la casa se encuentra la segunda entrada, de inspiración andaluza, un portón jalonado por gigantescos laureles de indias cuyas copas, si se dejan crecer, llegan a componer un toldo natural de hojas. La portada de este acceso, en tonos ocres y amarillos, sigue las formas y filigranas de los típicos cortijos andaluces.

La casona dispone de un patio canario presidido por una araucaria, el árbol emblemático de la familia. Junto a él, una fuente que mana sin descanso y que emite un sonido relajante recuerda a los tiempos en los que los caballos saciaban su sed.

La finca también dispone de una gran piscina situada en medio de un jardín tropical lleno de vegetación y grandes palmeras. Además dispone de un magnífico porche con zona de bar-lounge donde podrá relajarse y disfrutar de un aperitivo.