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Su estructura data del siglo XVIII, y en sus orígenes perteneció a la Orden religiosa de la Compañía de Jesús, de ahí su nombre Cortijo de San Ignacio, que la utilizó como casa de labranza y bodega.
Con la expulsión de los Jesuitas de España, la finca pasó a manos privadas, desde entonces hasta ahora la Casa perteneció a la misma estirpe familiar.
La Casa pertenecía a una finca de casi 200 hectáreas en la que su actividad principal fue siempre la agricultura y la ganadería, con grandes extensiones de plataneras, tomates y pepinos, cafetales, aguacateros, papayos y flores.
A finales del siglo pasado la transformación del modelo productivo de Canarias hizo que el turismo fuera el gran protagonista en las Islas, por lo que se llevó a cabo una rehabilitación de la Casa para adaptarla a las necesidades del turismo.
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